13 Rosas

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       1 3  R O S A S      13188201-rosa-roja-aislada    I N     M E M O R I A M

 

13 ROSAS: Carmen Barrero Aguado, Martina Barroso García, Blanca Brissac Vázquez, Pilar Bueno Ibáñez, Julia Conesa Conesa, Adelina García Casillas, Elena Gil Olaya, Virtudes González García, Ana López Gallego, Joaquina López Laffite, Dionisia Manzanero Salas, Victoria Muñoz García y Luisa Rodríguez de la Fuente.

 

 

  Un claqueteo, un toc-toc, toc-toc-toc, toc-toc, mataban el tiempo entre redacción y redacción. Joaquina dejaba flotar sus dedos, se evadía entre frase y frase, al compás monótono del Comité Provincial. El conflicto había acabado, pero todo seguía tan revuelto como el ritmo con el que los miembros del Comité le dictaban las cartas. Abril se presentó florido, aromático y carcelario. Comenzaba un proceso sin retorno, al que se irían uniendo muchachos que hoy apenas comenzaban sus lutos de amor, su selectividad, sus primeros trabajos basura.

Entre hilos, tijeras y algún que otro pinchazo en los dedos sobrevivía Carmen, una chica que hoy, con un poco de suerte, pasaría a segundo de Grado. Se mantenía con fuerza y entusiasmo, valores de un difunto padre, de quien tal vez heredó ese carácter que la llevó a formar parte de un grupo de jóvenes con una férrea intención de generar un cambio social.

“El pánico no nos llevará a ninguna parte. Tan solo el valor de enfrentarnos al mundo, tan solo la unión y la verdad podrá movernos de aquí.”

El 16 de mayo perdió la libertad y se fue gestando poco a poco un destino común, un destino fatal que compartiría con Pilar, Dionisia, Julia y Virtudes que descosían; mientras, Luisa, Ana y su compañera abulense apenas mediaban palabra. Esta última, Martina, no dejaba de zapatear al tiempo que enhebraba casi a ojos cerrados la aguja. Un ansia se apoderaba de aquel lozano cuerpo que solo pensaba en actuar, en reaccionar de algún modo ante lo que sus sentidos percibían como continuos alaridos de dolor, un dolor que vio cómo se quedaban viejos sus zapatos y las blusas pasaban a su hermana pequeña por culpa de un incipiente pecho que la tornó en mujer. Funesto dolor que la acompañó en su juventud y permaneció en silencio frente a un muro de lamentaciones, la pared del último suspiro.

Por las calles, algún día soñaron con manifestarse, con gritar por la libertad que nunca tuvieron. Iban de la mano, entre otras, Victoria, Avelina, Elena y otras tantas mujeres y hombres, unidos por la igualdad, esa que tanto deseamos, esa que tan en silencio lloramos, tan adentro que a veces se anudan las vísceras y no nos dejan tragar saliva y tragamos rabia, tragamos impotencia y morimos un poquito más. Por esas calles que alguna vez cruzamos en mitad de una manifestación, por allí soñaron ir de la mano, sin miedo, Victoria, Avelina, Elena y otras tantas personas que no se doblegaron y perecieron por ello.

De fondo sonaba un piano; amenizaba las tardes de cine mudo, tan mudo como quienes allí se sentaban a ver el cinematógrafo y sus proyecciones en blanco y negro. Hoy nos enmudecen con efectos que ayer nadie imaginaría, nos enmudecen y lo sabemos, pero parece que hoy nada importa. El piano sigue allí y frente a éste, Blanca aún no sabe con certeza qué destino le espera. Ella piensa en su hijo, toca y en mitad del claroscuro de la proyección distingue a un marido orgulloso de verla allí, ajenos al mundo, tan solo un instante. Jamás sospecharía de sus últimas palabras, necesarias para irse tranquila, “con la cabeza alta” —diría más tarde.

            “Perdóname, hijo mío, si alguna vez he obrado mal contigo.[…]Te seguiría escribiendo hasta el mismo momento, pero tengo que despedirme de todos. Hijo, hijo, hasta la eternidad. Recibe después una infinidad de besos el beso eterno de tu madre.

 

Blanca.”

 

En homenaje a quienes sufrieron la locura de los extremismos. Sin importar el brazo desde el que se ejecutaron sus sentencias, sin importar el color de sus banderas. Con todo el cariño, el respeto y la esperanza de que algún día  se llegue a parar esta barbarie que tantos siglos lleva asolando el mundo.

05/08/2015

Daniel Escorial Marqués.

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